LA GUAIRA / CARACAS, Venezuela — 27 de junio de 2026
Tres días después de que una doble sacudida catastrófica destruyera la costa venezolana y partes del centro de Caracas, el número confirmado de muertos asciende a al menos 1,430 — y sigue creciendo.
Todo comenzó a las 6:04 de la tarde del 24 de junio, cuando un sismo de magnitud 7.2 azotó la costa noroccidental, cerca de San Felipe, en el estado Yaracuy. Treinta y nueve segundos más tarde, un segundo terremoto de magnitud 7.5 golpeó la misma región. La secuencia — una de las más poderosas en la historia sismológica de Venezuela — derrumbó edificios de apartamentos en Caracas, arrasó comunidades costeras en La Guaira, y dejó sin luz a amplias zonas del país. Más de 4,500 personas resultaron heridas. Plataformas independientes de rastreo de desaparecidos han registrado más de 50,000 personas sin localizar, aunque el gobierno no ha confirmado esa cifra. Solo en La Guaira, una base de datos independiente contabilizó más de 11,200 personas aún desaparecidas.
El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, anunció el nuevo balance el sábado a través de la televisión estatal, mientras la presidenta en funciones, Delcy Rodríguez, continuaba coordinando las operaciones de emergencia. “Nuestra principal misión es mantenernos unidos”, declaró en una rueda de prensa anterior, haciendo un llamado a la solidaridad nacional mientras miles permanecían atrapados bajo el concreto y el acero.
El momento del desastre agravó la tragedia. El 24 de junio es feriado nacional en Venezuela — el aniversario de la Batalla de Carabobo de 1821 — lo que significaba que más personas estaban en sus casas y no en oficinas o escuelas cuando comenzó el movimiento. En La Guaira, ciudad portuaria de densos bloques residenciales al norte de Caracas, los edificios colapsaron en cuestión de segundos. Voluntarios de la capital viajaron toda la noche por la autopista Caracas–La Guaira con alimentos, agua y sus propias manos, ante la tardanza de maquinaria pesada debido a carreteras destruidas y la escasez de recursos gubernamentales. Algunos cavaron entre los escombros durante casi 24 horas seguidas para rescatar a sus vecinos.
La evaluación PAGER del Servicio Geológico de los Estados Unidos proyectó que el número final de muertos podría superar los 100,000, dependiendo del acceso a zonas rurales y costeras aún incomunicadas. El terremoto fue el más fuerte que ha golpeado a Venezuela desde el sismo de San Narciso en 1900, generado por la zona de convergencia entre las placas tectónicas del Caribe y de Sudamérica a lo largo del sistema de fallas Boconó–San Sebastián–El Pilar.
La respuesta internacional ha sido significativa. Al viernes, al menos 30 equipos de búsqueda de distintos países peinaban los escombros, según la ONU. Convoyes de México, El Salvador y la República Dominicana llegaron el 26 de junio. La administración Trump desplegó dos equipos de Búsqueda y Rescate Urbano del condado Miami-Dade — la primera activación federalizada de este tipo en más de una década — y confirmó la reparación de una pista dañada en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar. Estados Unidos ya había comprometido $150 millones en ayuda inicial y, a finales del viernes, estaba finalizando un paquete adicional de nueve cifras.
La presidenta en funciones Rodríguez informó que el servicio eléctrico había sido restaurado a aproximadamente el 60% de la capacidad previa al terremoto en La Guaira. Más de 14,000 efectivos de emergencia fueron desplegados únicamente a esa región, aunque el acceso permanecía restringido a militares y equipos de rescate autorizados. Las líneas de gas en Caracas fueron cortadas para evitar explosiones en estructuras colapsadas. El Metro de Caracas suspendió operaciones. Las escuelas cerraron indefinidamente y se convirtieron en albergues y centros de donaciones.
La diáspora venezolana en San Diego — una de las más numerosas en el sur de California — ha activado redes de auxilio, coordinando donaciones y transferencias a través de canales familiares que aún funcionan a pesar de la infraestructura interrumpida.
Lo que era cierto sobre Venezuela antes del 24 de junio sigue siendo cierto hoy, pero con mayor urgencia: un país que ya era frágil antes del terremoto ahora enfrenta una catástrofe humanitaria que requerirá años de apoyo internacional sostenido para comenzar a sanar.
El suelo ha dejado de temblar. El trabajo de sobrevivir apenas comienza.
— Jose E. Navarro, The Navarro Report / Human-Directed AI Journalism: Research, analysis, and editorial direction by the author. Drafted in partnership with Claude AI (Anthropic).
